Iba a hacer un chiste sobre tildar a alguien de algo, pero hacerme el agudo me parece grave (?)
Una de las incógnitas históricas que me suelen asaltar con mayor insistencia es pensar con qué acento habrán hablado los personajes históricos. En algunos casos, como con el general Perón, Mao Zedong (búsquenlo, se puede escribir así) o el soldado Chamamé (?), tenemos registros audiovisuales que nos permiten escuchar como sonaban sus voces. Pero ¿qué pasa con aquellos de los que no tenemos registros?
Por ejemplo, no tengo dudas de que Julio César debe haber dicho Vini, Vidi, Vinci o Alea Jacta Est con un fuerte acento italiano y, si me apuran, haciendo montoncitos con los dedos de una mano mientras la mueve hacia atrás y hacia adelante (?) Por otra parte, ha quedado constatado en los distintos registros que José de San Martín hablaba con un fuerte acento español, que habría adquirido en sus muchos años de vivir en la península. Lo curioso es que el acento era tan fuerte, que alguien se tomó el trabajo de hacer constar el hecho en los registros. Debemos reconocer, para nuestra decepción, que nuestros primeros héroes eran españoles y es lógico que hablaran con ese acento; pero que el acento de San Martín fuera tan marcado como para llamar la atención de sus contemporáneos, hace que baje un escaloncito en mi consideración (?) Discúlpenme, pero soy así.
Ahora bien, ¿qué pasa con aquellos de la generación posterior, que nació después de la independencia de España? ¿Qué acento tendrían Juan Manuel de Rosas, o Bartolomé Mitre o Domingo Sarmiento? En este caso, no estoy en condiciones de hacer afirmaciones tan arriesgadas como las del caso Julio César, pero si estoy convencido de que no hablaban con un acento remotamente parecido al nuestro. En mi modesta opinión, así como la inmigración masiva de fines del S. XIX y comienzo del XX, cambió la forma en que hablamos los rioplatenses, tanto introduciendo palabras nuevas en el idioma español, como también la forma en que hablamos… literalmente. El acento rioplatense se ha formado con los préstamos de los miles de acentos de nuestros inmigrantes. De esa complicada alquimia ha resultado nuestra particular forma de hablar. Tal vez funcione de la misma manera en todo el mundo, pero no deja de parecerme curioso.
Así que alumnos de Letras o Lingüística, prestad (?) atención. He aquí una pequeña hipótesis de trabajo para solicitar un subsidio al CONICET. De nada (?)