Homero Simpson: Pragmatista (?)
Les voy a contar una anécdota. Todos los que me conocen saben,
que por decirlo de alguna manera elegante, no soy del tipo atlético. Nunca lo
fui y creo que nunca lo seré. La
cuestión es que cuando era niño participaban en las típicas carreras para
determinar quién era el más rápido del grado. Las mencionadas justas deportivas
tenían un único ganador (cuyo nombre protegeremos de este bochornoso ejercicio)
y yo me encontraba lejos del grupo de más rápidos.
El tema es que no pudiendo vencer en la destreza atlética, me
puse a cavilar una estrategia para hacerme con el triunfo (cavilar
probablemente haya sido algo que hiciera en demasía; tal vez si cavilaba menos
y corría más podría haber revertido la tendencia) Llegué entonces a la
conclusión que, si daba zancadas más largas recorrería más terreno en igual
número de pasos. Por lo tanto al dar menos pasos podría contrarrestar el exceso
de velocidad de mi adversario.
Munido de esta lógica irrebatible, llegué al otro día a la
escuela dispuesto a llevar a la práctica mi brillante plan. En el primer recreo
desafié a mi compañero de grado a una carrera. Ahora piensen bien en esta
situación: este muchacho había establecido largamente que era el más rápido del
grado, esa discusión había quedado saldada y por mucho. Y de repente aparezco
yo, por mucho uno de los menos destacados esprínters (?) de la escuela, para
lanzar un descarado desafío. El aire se lleno de la electricidad de los
momentos históricos, de esos momentos que pueden cambiar el curso de las cosas.
Es curioso como aún en la inocencia de la infancia, los niños pueden percibir
con claridad estos momentos y actuar con el aplomo que la situación amerita.
Quedó acordado; en el recreo largo íbamos a correr para ver cuál de los dos era
más rápido e íbamos a tener una audiencia.
Cuando sonó el timbre, me dirigí al patio
abierto con la confianza de quién se sabe ganador. De hecho me sorprendía la
escasa fe que mis amigos depositaban en mi persona, pero simplemente lo atribuí
a que desconocían la infalibilidad de mi plan. Nos alistamos en la línea de
largada rodeados por una modesta multitud expectante y absorta en el espectáculo.
Sin embargo, a menos de un segundo de comenzada la Carrera tomé completa noción
de las debilidades de mi plan. Cuando se dio la voz de partida di un salto
hacia adelante tan largo como pude y cuando quise dar el segundo mi adversario
me había superado irremediablemente. Pero mi pequeña humillación no estaba destinada
a concluir en ese momento. Cuando mi compañero se dio cuenta que yo venía
pegando saltos por detrás de él, pensó (esto sólo puedo estimarlo porque nunca
lo hablé con él) que se trataba de alguna competencia bizarra que podía perder
por no brincar como un imbécil. Por lo tanto empezó a pegar saltos él también y
así, saltando, cruzó la línea de llegada. Es así que no sólo fui derrotado,
sino que fui derrotado usando la misma técnica que yo creí triunfadora.
Ese día aprendí, de la manera menos gentil y más efectiva
posible, que existe una brecha entre el mundo de las abstracciones y el mundo
real. Y a veces simplemente no podemos saltar tan lejos como para poder superarla.
Si fuese el Conde Lucanor del Barrio Acevedo, Patronio me diría:
ResponderEliminar" Es inútil Empujar cuando La ...ija es corta, los huevos chocan con el ..ulo y se hacen torta".
[Sic].[Sic].[Sic]
Lo importante es competir Pablito, jaja. Igual la representación mental que tengo de la situación es muy graciosa. No se te dio por probar primero en tu casa cuanto tiempo tardabas?? Sos un grande
ResponderEliminarla historia es buenisima, desconozco si fui protagonista presencial de la misma (me inclino a que no) creo que lo que dice la señorita sofia es muy logico, despues de armar semejante teoria (revolucionaria por donde se la mire) no se te ocurrio hacer una prueba con tu hermano o algun amigo???
ResponderEliminarPD: no puedo terminar de sacar quien era el mas rapido de tu clase (aunque tengo firmes sospechas)
Sofi:El problema es que someter una teoría a validación es justamente parte de lo que aprendí de la anécdocta.
ResponderEliminarJuanma: No creo que hayas presenciado el momento de la anécdota; pero sí...el más rápido de mi grado era el que estás pensando.
Guille: El patronio del Barrio Acevedo encontró una nueva interpretación de la historia y además lo hizo en verso...mejor imposible.
Sofi:El problema es que someter una teoría a validación es justamente parte de lo que aprendí de la anécdocta.
ResponderEliminarJuanma: No creo que hayas presenciado el momento de la anécdota; pero sí...el más rápido de mi grado era el que estás pensando.
Guille: El patronio del Barrio Acevedo encontró una nueva interpretación de la historia y además lo hizo en verso...mejor imposible.
Obviamente por niño, el pequeño Piccoman trató ganar la carrera innovando en igualdad de condiciones con su adversario, y la lección aprendida fue contundente: una zancada (la distancia recorrida) no resolvía el problema de la velocidad (el tiempo en que esa distancia se recorre)Si hubiera estado en tu escuela, y violando las leyes físicas viajado al pasado, te diría que redobles la apuesta, una que ningún niño puede rechazar: "a que no me ganás andando en bicicleta" ....
ResponderEliminarUn abrazo Nac&Pop
El Ratón Juan Carlos