Grasa y humo saliendo de tus parlantes. No puede fallar (?)
¿Soy el único que opina que Dread Mar I es el Leo Mattioli (q.e.p.d.) del mundo del Reggae?
Grasa y humo saliendo de tus parlantes. No puede fallar (?)
¿Soy el único que opina que Dread Mar I es el Leo Mattioli (q.e.p.d.) del mundo del Reggae?
Para los que no me creían, he aquí la prueba de lo que digo. Vean la felicidad de la mujer. Groso (?)
Hay una publicidad que pasan casi constantemente y que me molesta profundamente. En ella, una mujer joven es interpelada por una versión en blanco y negro de ella misma, y recibe una fuerte crítica sobre la escasa cantidad de tiempo que dedica a la limpieza desde que usa Procenex. La propaganda tiene varios problemas. En primer lugar es increíblemente sexista. Me imagino que la mujer en blanco y negro es el pasado (donde las mujeres estaban condenadas a las labores domésticas) y la versión en color es el presente (donde gracias a las modernas técnicas de los creadores de artículos de limpieza las mujeres tienen ahora tiempo para hacer otras cosas). Es decir; para la buena gente de Procenex la evolución de la vida doméstica no emancipa a las mujeres de las pesadas cargas de sus tareas, sólo las hace más sobrellevables. Me imagino que en la década del 40, cuando aparecieron los primeros lavarropas eléctricos, las publicidades de la época deben haber utilizado el mismo argumento. Creo que si en la edad de piedra hubieran tenido publicidades le hubieran vendido jabones a las mujeres con el mismo argumento. No, lo cierto es que por más moderno y cool que puedan parecer, los muchachos de Procenex repiten los mismos estereotipos de siempre.
Pero la característica que más me molesta de la publicidad, es que la mujer en colores se defiende de las acusaciones de su Yo monocromático (?) tildándola de “obse”. La obsesión por la limpieza está dada por la calidad de la limpieza, y no por la cantidad de trabajo invertida en la obtención de esos resultados, por lo que el mote de “obse” no hace más que bastardear el producto que tratan de vender. Habría que averiguar quienes fueron las lumbreras que idearon la propaganda… para no contratarlos nunca. Les mando un beso (?)
Plaza Merced en Pergamino: Nótese una de las despelucadas palmeras que caracterizan las plazas bonaerenses. De fondo el Colegio del Huerto y la casa de Juanma (?)
Como una suerte de homenaje a la Plaza de Mayo, un número enorme de plazas del país han incorporado entre sus árboles un grupo de palmeras, que puestos a ser sinceros, probablemente sean los árboles más feos que la naturaleza nos ha legado. Pero más allá de sus escasas cualidades estéticas, las palmeras de la Plaza de Mayo se han convertido en una de las cartas de presentación de nuestra patria. Las palmeras han sido testigos de las jornadas más gloriosas y más dolorosas de nuestra historia; escenario ineludible de nuestros festejos y nuestros duelos.
Pero además de lo mencionado, debemos contar los Interminables planos que cadenas como CNN hacen de la Plaza en las que las palmeras se destacan sobre el horizonte. ¿Que idea del país tendría un marciano que sólo conociera de la Argentina lo que se ve por estos canales? Probablemente pensaría que Buenos Aires es una ciudad caribeña y que si gira la cámara se encontrará con arenas blancas y tragos con sombrillitas (?) Digámoslo, las palmeras trasladan una idea equivocada del país. Yo creo que deberíamos reemplazarlas por algún símbolo más representativo de lo que quisiéramos transmitir como país. Propongo poner una estatua de Gardel, una virgencita de Luján, unos dedos en V (?) y un monumento al alfajor Capitán del Espacio. La discusión está abierta a quienes quieran participar.
Helen Alegría: Sé que cuando quiera levantar el programa de Krusty me voy a querer matar, pero por ahora le hago el aguante (?)
Sigue causándome impresión el capricho con que la Ley de Medios Audiovisuales está siendo aplicada. Mientras las características más salientes de la ley se encuentran suspendidas, los aspectos más triviales se aplican a rajatabla. El ejemplo más claro es el separador que anuncia el comienzo y el fin del espacio publicitario, aunque hay otro sobreimpreso que resulta, a mi entender, más revelador. Al comienzo de los noticieros, aparece una placa que advierte que el contenido de los noticieros [tevediarios para nuestros lectores españoles (?)] no es apto para menores de edad.
Debo empezar diciendo que la medida me parece correcta, está muy bien poner sobre aviso a los televidentes sobre la naturaleza de los programas. Sin embargo, no deja de llamarme la atención el hecho que un programa que comenta los principales sucesos de la jornada tenga que ser precedido por una leyenda de esta naturaleza. La primera lectura que se puede hacer de este hecho, es lo inadecuado que resulta el mundo de los adultos para los niños. Sin embargo, no deja de sorprenderme que le resulte imposible, a la televisión nacional, hacer un noticiero de alguna manera apto para el consumo de toda la familia. La atracción por el morbo y los aspectos más truculentos de la vida humana, han llevado a que la realidad que nos reflejan los medios de comunicación no sea apta para los niños que viven en ella. Horas y horas de repeticiones, primerísimos primeros planos (?) de las más variadas miserias humanas y las más básicas simplificaciones, han convertido los segmentos supuestamente formulados para instruirnos sobre el mundo en que vivimos, en un virtual circo romano diseñado pensando más en el entretenimiento que en nuestro derecho a estar informados. Las consecuencias para la democracia son evidentes y no me pondré a describirlas ahora.
Mas hete aquí (?) la paradoja con la que empezamos este post. La discusión sobre la forma en que los medios de comunicación describen la realidad, y al hacerlo contribuyen a crearla en un proceso de retroalimentación, es la razón por la que la ley de medios era necesaria en un primer lugar. Es que nuestro sistemas de medios se encuentra en un momento tan pobre, que la simple aparición de una leyenda al comienzo de un programa (un hecho trivial en comparación con las cláusulas de desinversión o con la cantidad de licencias que puede obtener cada operador) pone en conflicto al discurso mediático de nuestro país. Deberían llamarnos a reflexión estos hechos, porque me parece que le estamos errando de lo lindo. Ahora sólo resta continuar con lo sancionado y poner la ley en vigencia. Nada debería ser más simple que cumplir la ley, ¿no?
¿Hubiera cambiado mucho la trama de la peli Casablanca si en lugar del mítico pianista hubieran usado una rockola? Probablemente no, pero sería un poco más grasa.
Si bien nunca participé de un emprendimiento gastronómico (por lo menos nunca del lado de quiénes ponen un negocio) me imagino que un momento crítico consiste en la elección de la música que matizará las veladas. De alguna manera, en el sentido más exagerado de la cuestión, el tipo de música elegido atraerá a alguna clientela y rechazará a otra; ofenderá a los viejos o llenará el negocio de hippies dispuestos a gastar lo menos posible. Sin embargo, hay todavía en este mundo gente que rechaza el valor de una correcta musicalización e instala en sus negocios una rockola (?) Esos son los peores. En primer lugar creen que se sacan de encima el problema y se lo transmiten a la clientela, haciéndose algunos manguitos en el proceso. Pero es un grave error. En primer lugar, aquellos que se encuentran interesados en invertir dinero en un Juke Box (?), generalmente son aquellos que tienen peor gusto. Adolescentes en general con su proverbial mal gusto, parejitas que escuchan canciones románticas, grupo de amigos borrachos y dispuestos a disfrutar el hit pachanguero del verano y finalmente (estos son los más peligrosos) los bizarros dispuestos a invertir las monedas que hagan falta para hacernos sentir mal a todos. En este sentido, la idea de democratizar el manejo de la música es mala. Tu boliche se termina convirtiendo en un cambalache insufrible, sin mencionar los muchos roces que por estas cuestiones se pueden generar. Si quién pone la canción en cuestión es uno de los parroquianos, el resto se siente en condiciones de cuestionar su selección, lo que no puede de ninguna manera ser algo bueno.
Digamos la verdad: poner una rockola es casi firmar un certificado de defunción para tu negocio. Falta todavía determinar el procedimiento por el que esto sucede; si la rockola es mufa o si la introducción de esta amenity (?) es un intento desesperado de acercar clientes a un emprendimiento ya fracasado. Sea cual sea la situación, la aparición de estos tocadiscos públicos funciona como el primer indicio de que en los próximos meses va a haber un nuevo local en alquiler en la cuadra (?)
Hasta no hace mucho tiempo, me había imaginado siempre que el infierno estaría musicalizado con música tirolesa y con sonidos de gaitas que no terminan de empezar a tocar. Sin embargo, una experiencia nefasta llevó a que revise esta consideración sobre la banda de sonido infernal. Ahora creo que en el infierno tienen una rockola, en la que suenan canciones que le gustan únicamente a la persona que programa su contenido. Una combinación letal de Callejeros y bandas que mezclan lo peor de Jon Bon Jovi y Britney Spears (?) Me imagino, además, que la rockola infernal debe contener discos buenos y hasta alguno que otro excelente, pero simplemente nunca son seleccionadas. Un infierno que se precie debe contener una dosis de ironía y crueldad sin sentido.
Pochotest: Antes había un test en el que te aparecía la cara de Perón, pero a las chicas les daba un poco de impresión.
Si te aparece la cara de nuestra líder espiritual, es un 99% seguro que estás por tener un descamisadito. ¡Felicitaciones!
Ahora dicen que don Arturo se sumaría en los temas lentos de la banda
Al pibe Valderrama se los debo porque no me entraba en la foto.