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martes, 5 de octubre de 2010

Los hermanos sean unidos… y las hermanas también

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Sarmiento: Ahora dicen que habría sido padre de grande.

Durante la escuela primaria tuve unas compañeras que eran mellizas. Se llamaban Laura y Teresita y, la verdad sea dicha, nunca pude distinguir a una de la otra. El punto de la anécdota es que más o menos para cuando estaba en tercer grado, nos enseñaron el Himno a Sarmiento. Por alguna razón que desconozco, y sin el menor sentido pedagógico, lo aprendimos escuchándolo; sin el apoyo de ver la letra por escrito. El tema es que mientras cantábamos, como podíamos, la esotérica letra del himno (¿loor?), se producían interpretaciones que tenían aún menos sentido que la letra original. En mi caso, yo cantaba “Padre de Laura, Sarmiento inmortal”. La referencia a mi compañerita me parecía extraña, pero más extraño me parecía que no hiciera mención alguna a su hermana Teresita. ¡Fea la actitud de Leopoldo Corretjer!

domingo, 3 de octubre de 2010

La comisión, la comisión…

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Tecnología digital: Ahora dicen que se reduciría a esto

 

I

Sin lugar a dudas, uno de los sucesos más importantes de los últimos veinte años ha sido la llamada Revolución Digital. A partir de entonces cambió la forma en que recibimos información y la transmitimos; la forma en que percibimos el tiempo, el mundo y las relaciones humanas; de hecho, estoy escribiendo este post (y ustedes leyéndolo) porque abandonamos la tecnología analógica y abrazamos el paradigma digital.

II

A la hora de nombrar sus inventos (paso importantísimo si no quieren morir solos y pobres) los inventores han recurrido a unas pocas prácticas comunes. En primer lugar, denominan a sus inventos teniendo en cuenta lo que los inventos hacen. Licuadora, heladera, perforadora, control remoto, abrochadora, entre otras, son ejemplos claros de esta modalidad. En algunos casos, preocupados por su paso a la posteridad, realizan un pequeño auto- homenaje bautizando a sus creaciones con sus propios nombres. La birome, la galvanización, la pasteurización, militan en esas filas (?). Otros la van de modernos (?), y le ponen nombres locos, como Bluetooth. Finalmente, existe la posibilidad que se busque un nombre que incluya la descripción de lo que el aparato hace, pero en alguno de los idiomas considerados “cultos”. El cine, la televisión, el teléfono, son sólo algunos de estos pretenciosos aparatos.

III

Me gustaría saber en qué estaban pensando los tipos a los que se les ocurrió ponerle al Disco Compacto (Compact Disc, CD) ese nombre. Es indudablemente uno de los nombres más idiotas que se les podía ocurrir. El CD es el símbolo más importante del traspaso de la era analógica a la digital. Desde que el CD llegó a nuestras vidas, hemos erradicado al olvido a las púas, a las revoluciones por minuto, el ruido a “frituras”; ya ni nos acordamos qué era rebobinar las cintas, que se traben en el cabezal, unir los extremos cortados con esmalte para uñas. Todas esas dificultades, son cosas del pasado. Pero también se introdujeron ventajas en la calidad de grabación. De hecho, hasta me acuerdo de una exagerada publicidad de principios de los 90 que advertía que la calidad de las grabaciones en CD era tan alta, que se corría el riego de escuchar las respiraciones de los concertistas. Estas son sólo algunos de los beneficios que el CD trajo a nuestras vidas.

Ahora bien, ¿con todas las ventajas que (supuestamente) el CD introdujo, lo único que se les ocurrió decir a los inventores sobre su producto es que es más chico que un disco de vinilo? ¿De verdad? ¿Nada más? ¿Ni siquiera Disco Digital, o alguna paparruchada por el estilo? ¡Mamadera… (?) qué bloqueados estaban los muchachos ese día!

Y vio Dios que era bueno.

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Thomas Alva Edison, el “mago de Merlo” (?): Ahora dicen que habría patentado algo que estaba desde el primer día (?).

Siempre me llamó la atención que la gente se refiriera a la electricidad como “la luz”. Este hecho debe remitir a la identificación que se da entre un fenómeno complejo y su manifestación más inmediata. Sin dudas este uso es mucho más poético que el término técnico, aunque puede dar lugar a equívocos como: “No escuché el partido porque se me cortó la luz”. Bizarro.

viernes, 1 de octubre de 2010

Berruti y Morelli

funcion privada

Función privada: Ahora dicen que les gustaba más el whisky que las películas (?).

Leemos: “En cierto modo, había dado por descontado que todos creemos todavía, con Sócrates, que es mejor sufrir que cometer injusticia. Esta creencia resultó ser errónea. Estaba muy extendida la convicción de que es imposible resistir cualquier tipo de tentación, que ninguno de nosotros era digno de confianza y ni siquiera se podía esperar que lo fuera a la hora de la verdad, que verse tentado y verse forzado son casi lo mismo (…) <Si alguien te apunta con un arma y dice: mata a tu amigo o te mataré, te está tentando, y eso es todo> Y aunque una tentación en la que uno se juega la vida puede ser eximente legal de un crimen, ciertamente no es una justificación moral.” (Hanna Arendt, Págs. 49-50.)

Esta noche fui al cine a ver la película “Sin Retorno” de Martín Cohan, donde se tratan, de muy buena manera, estas cuestiones. Muy recomendable*.

*Sí, ahora recomiendo películas, ¿y qué?

sábado, 25 de septiembre de 2010

Tiene más chispa que el magiclick

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Arca

Julio Arca: Si hubiera jugado en Rusia el chiste hubiera sido completo (?)


Soy de la opinión que, de no mediar alguna genialidad, el ingenio es enemigo de la inteligencia. El ingenio, que suele ser talento puro, nos permite la salida ocurrente y, en el mejor de los casos, la síntesis correcta. Pero este exceso de talento suele derivar en vagancia, cuando no directamente en displicencia. La inteligencia, por el contrario, requiere esfuerzo y dedicación. Todas las ideas realmente inteligentes son arduas y no pueden resumirse en los 140 caracteres de un tweet. (?)
Si bien la diferencia entre ingenio e inteligencia puede parecer ser ínfima, creo que un ejemplo nos podría ayudar a determinarlo. No sé si recuerdan que hace unos años se estrenó una película llamada “El arca rusa” que tuvo un considerable éxito en el país. La película consistía en contar la historia de Rusia a través de las obras expuesta en el museo del Hermitage (y a través del propio palacio). Digamos que la cámara entraba en un cuadro y, con un muy cuidado trabajo de ambientación, nos mostraba el desarrollo de la imagen representada en el cuadro. Cada cuadro contaba una parte de la historia de la madre (?) Rusia.  Esta práctica, que así expuesta nos mueve a exclamaciones como ¡Qué interesante! ¡´Qué bueno! (?), cuando se ha repetido durante las más de dos horas que dura el film, nos sume en el más profundo tedio. Esa creo que es la diferencia entre el ingenio y la inteligencia. El ingenio, con el tiempo, nos deja con gusto a poco.

Yo le apuesto al profesor adjunto

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Oxford
No serían el único acto malvado cometido en la ciudad (?).
Públicos de todas las edades, sexos y nacionalidades, parecen disfrutar todas las semanas de las aventuras del inspector Morse, de la policía de Thames Valley. Aún considerando las habilidades actorales del fallecido John Taw, es claro que el gancho de la serie se encuentra en que el dichoso valle del Támesis incluye, nada más y nada menos, que a la ciudad de Oxford. La tentación de asomarnos a ese mundo de refinamiento e intelectualidad resulta demasiado grande para sus millones de televidentes. Ahora bien, el asunto es que la comparativamente pequeña ciudad de Oxford ha sido cita de por lo menos un crimen semanal durante los últimos 20 años, lo que la convierte en la ciudad más peligrosa del mundo (reduciendo a William Morris, la Mordor argentina (?), a un indecoroso segundo puesto) y a los catedráticos británicos en los tipos más pesados de la historia.
Pero si, como decía Fangio, dejamos las chicanas de lado (?) la comparación llama nuestra atención sobre la preferencia de los escritores de policiales por las pequeñas localidades perdidas por ahí. Ya sea la Oxford de Morse, el Ystad de Wallander o St. Mary Mead de Miss Marple, todos esos pueblitos ofrecen una ventaja esencial a los novelistas: un ambiente cerrado y aislado. La elección de uno de estos entornos es casi un acuerdo entre el escritor y sus lectores. El autor nos plantea que los elementos para resolver la incógnita se encuentran presentes desde el principio; que si somos lo suficientemente perspicaces podemos dar con el asesino nosotros mismos. Pero fundamentalmente nos dice que no recurrirá a ningún truco barato para resolver la trama. No se apelará a un deus ex machina que venga a aportar claridad donde la falta de imaginación del autor prometía dejarnos en tinieblas. 
Es por esta razón que tantos nóveles escritores fatigan nuestras pampas en la búsqueda de algún pequeño pueblito que puedan usar como laboratorio para sus futuras novelas. Aguijoneados por el viejo proverbio que prescribe infiernos grandes para pueblos chicos, nuestros infatigables escritores se afanan en documentar rutinas, giros idiomáticos, costumbres y, al mismo tiempo, en imaginar truculentas formas de esparcimiento para los pobres vecinos. En muchos casos sus esfuerzos se ven recompensados y llegan a publicar novelas exitosas; verdaderos portentos modernos que mezclan en partes iguales inteligencia y bucolismo.
Es entonces que, seducidos por los cantos de sirena de los inescrupulosos agentes editoriales, deciden que la formula todavía puede funcionar. Después de todo, ya tienen la investigación hecha. Se deciden entonces a sacar de su retiro al sagaz diariero o ama de casa o policía rural (o lo que fuera) que protagonizó su libro anterior. Y son capaces de repetirlo indefinidamente, en continuación tras continuación de una saga interminable. Y el público juega también su parte, encariñándose con el protagonista y sus conservadoras reflexiones sobre un mundo que pierde su curso (todavía no leí una novela policial protagonizada por un investigador trotskista) y demandando que los villanos se sumerjan cada vez más hondo en el fango de la miseria humana. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo podían convivir todos estos sociópatas en este pequeño pueblo antes de que empezaran las novelas? No es que uno se convierte en un sádico de la noche a la mañana, probablemente lo haya sido desde hace mucho. ¿Cómo es posible que las autoridades tuvieran que esperar a que esta noble jubilada o este voluntarioso farmacéutico se pusieran en campaña, para  frenar las atrocidades que se cometen en el pueblo? ¿Cómo es que en las novelas anteriores no se mencionara nada sobre este tipo que ahora es tan abiertamente sospechoso? En fin, creo que se capta el punto. Me parece que hay que abandonar la fórmula antes de que la fórmula te abandone a vos.
A modo de consuelo por haber tenido que leer esta parrafada para nada, los dejo con un consejo. Hagan como yo, pidan la beca en Cambridge, que uno nunca sabe con qué fines quieren los de Oxford que uno vaya a estudiar allá.

Chiquitita Sound system!

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Cortinas de Humo: Ahora dicen que impedirían el progreso del rastafarismo.

Si una religión se expandiera únicamente por la labor misionera de sus predicadores, creo que el rastafarismo estaría condenado a la desaparición. Iban a predicar contra babylon… pero se colgaron…